Dónde comían los romanos

Descubre dónde comían los romanos, desde sus hogares y triclinia hasta las tabernas y mercados de la antigua Roma, adaptándose a su estatus social.

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La Antigua Roma, con su vasta civilización y cultura rica, tenía una gran diversidad en sus hábitos alimenticios dependiendo del estatus social, las ocasiones y la ubicación.

Vamos a explorar los lugares donde los romanos solían comer, desde los hogares modestos hasta los opulentos banquetes de los patricios.

El hogar romano: epicentro de la alimentación

La mayoría de los romanos comían en sus hogares. La familia romana, especialmente durante la República y el Imperio temprano, centraba su vida diaria en torno a las comidas en casa.

El paterfamilias (jefe de la familia) dirigía la mesa y, en muchas ocasiones, los esclavos servían la comida. Las casas romanas, particularmente las de las clases altas, solían tener dos triclinia (comedores) separados, uno para el verano y otro para el invierno.

En estas casas, la comida principal era la cena, que constaba de varios platos y se celebraba al final del día. La cena empezaba con el gustatio (entremeses), seguido por el plato principal (primae mensae) y terminaba con el postre (secundae mensae).

Los romanos adinerados disfrutaban de banquetes largos y elaborados, donde no solo se comía, sino que también se disfrutaba de entretenimiento, como música y poesía.

Comer fuera de casa: tabernas y mercados

Para aquellos que no podían o no querían cocinar en casa, las tabernas (popinae) y las posadas (cauponae) ofrecían una alternativa.

Estos establecimientos servían comida preparada y vino barato, aunque a menudo tenían una reputación dudosa por su limpieza y la calidad de sus servicios.

Las popinae eran más comunes en las ciudades y se asociaban con un ambiente rústico y a veces peligroso.

Los mercados también eran esenciales para la alimentación diaria. Los romanos adquirían productos frescos en los macella (mercados de alimentos), que se encontraban en los foros de las ciudades.

El Mercado de Trajano en Roma es un ejemplo famoso de estos centros de comercio. En estos mercados, se podía comprar de todo, desde frutas y verduras hasta especias exóticas y carnes.

El triclinium: lugar de reuniones sociales

Uno de los lugares más emblemáticos para comer en la Antigua Roma era el triclinium. Esta sala estaba equipada con lectus triclinaris (sofás) donde los comensales se reclinaban mientras comían.

Esta costumbre de comer reclinados fue adoptada de los griegos y se convirtió en un símbolo de estatus social y de refinamiento.

En el triclinium, se seguía una etiqueta estricta: los invitados se cambiaban a una ropa más cómoda y ligera llamada vestis cenatoria antes de la comida.

Los hombres ocupaban los lugares de honor más cercanos al anfitrión, mientras que las mujeres y los esclavos tenían asignados otros lugares.

Comer en el triclinium era una actividad que podía extenderse hasta bien entrada la noche, especialmente en las cenas con invitados, conocidas como comissatio.

El almuerzo y otras comidas diarias

El prandium (almuerzo) y el ientaculum (desayuno) eran comidas más ligeras en comparación con la cena. El prandium, a menudo compuesto por sobras de la cena anterior, podía incluir pescados, huevos y verduras.

El ientaculum, por otro lado, solía ser una comida simple que podría consistir en pan con sal, acompañado ocasionalmente de fruta o queso.

Las clases más pobres, por supuesto, tenían una dieta mucho más simple y austera. Su alimentación se basaba en puls (una papilla de harina) y legumbres, con pocas oportunidades para el lujo de la carne o los productos exóticos que disfrutaban los ricos.

En contraste, los banquetes de las clases altas podían ser excesivamente opulentos, con platos elaborados y una gran variedad de ingredientes y especias.

Influencia cultural y evolución de las costumbres alimenticias

La influencia griega en la alimentación romana fue significativa. A partir del siglo III a.C., muchas costumbres y recetas griegas fueron adoptadas por los romanos.

Los banquetes comenzaron a ser más elaborados y la cocina se volvió una forma de arte, con la creación de recetas sofisticadas y el uso de especias exóticas provenientes de Asia y África.

Es fascinante notar cómo la comida y los lugares donde los romanos comían no solo reflejaban su estatus social, sino también su cultura y evolución histórica.

Desde la sencillez de las comidas diarias en hogares modestos hasta la opulencia de los banquetes aristocráticos, la gastronomía romana es un testimonio vivo de una civilización rica y diversa.

Para los romanos, la comida era mucho más que una necesidad; era una oportunidad para socializar, mostrar estatus y disfrutar de los placeres de la vida.

Comer era una experiencia que abarcaba todos los sentidos, desde la vista con la disposición de los platos y la decoración del triclinium, hasta el gusto con la sofisticación de sus sabores y texturas.

En definitiva, la comida y los lugares donde los romanos comían nos ofrecen una ventana fascinante a la vida cotidiana de una de las civilizaciones más influyentes de la historia.

Su legado gastronómico sigue vivo hoy en día, recordándonos la importancia de compartir la mesa y disfrutar de los momentos en torno a ella.

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