La Conquista Romana de Jerusalén: Un Punto de Inflexión en la Historia

Los romanos llegaron a Jerusalén en el 63 a.C., y su conquista y gobierno posterior cambiaron el curso de la historia de la ciudad, dejando un legado duradero en la forma de la diáspora judía, cambios culturales y conflictos religiosos.

Jerusalén, una ciudad que ha estado en el centro de la historia humana durante milenios, ha visto a muchas potencias subir y bajar. Una de las más notables fue el Imperio Romano, cuya llegada marcó un cambio significativo en la historia de la ciudad y la región en general.

La Influencia Romana en la Región antes de la Conquista

Antes de la conquista romana, la región en la que se encuentra Jerusalén estaba bajo el control del Imperio Seléucida.

Los Seléucidas eran una dinastía helenística que surgió tras la muerte de Alejandro Magno y la posterior fragmentación de su imperio. Sin embargo, su control sobre la región fue intermitente y a menudo desafiado por revueltas locales, especialmente de los judíos que buscaban la autonomía.

En el 164 a.C., después de una revuelta exitosa, Judea, la región donde se encuentra Jerusalén, logró su independencia de los Seléucidas, creando el estado Hasmoneo. Este estado judío independiente prosperó durante casi un siglo. Pero a medida que el Imperio Romano se expandía y adquiría influencia en la región, la independencia de Judea se volvió cada vez más precaria.

Pompeyo y la Conquista de Jerusalén

La llegada de los romanos a Jerusalén ocurrió en el contexto de las disputas internas del estado Hasmoneo. En el 63 a.C., el general romano Pompeyo el Grande llegó a Jerusalén, invitado por Hircano II, quien estaba luchando contra su hermano, Aristóbulo II, por el control del trono.

Pompeyo tomó partido por Hircano II, lo que llevó a Aristóbulo II a refugiarse en la fortaleza del Templo de Jerusalén.

El asedio de la fortaleza del Templo por las legiones de Pompeyo duró tres meses, durante los cuales los romanos tuvieron que superar las formidables defensas de la ciudad. Finalmente, Pompeyo logró entrar en el Templo, marcando la toma efectiva de la ciudad.

La Era Romana en Jerusalén

Aunque Pompeyo permitió a Hircano II mantener su título, la Judea Hasmonea se convirtió en esencia en un estado cliente de Roma. Durante el siguiente siglo, los romanos mantuvieron un control cada vez mayor sobre la región, estableciendo una provincia romana en Judea en el año 6 d.C.

Esta época de dominio romano fue una de transformación y conflicto. Los romanos introdujeron reformas administrativas y cambios culturales, muchos de los cuales se encontraron con la resistencia de la población local. Este descontento culminó en la Gran Revuelta Judía del 66-70 d.C., que resultó en la destrucción del Templo de Jerusalén por el general romano (y futuro emperador) Tito.

La destrucción del Templo marcó un punto de inflexión en la historia de Jerusalén y de la diáspora judía. Aunque los judíos continuaron viviendo en la ciudad y en la región, la Jerusalén que había existido hasta entonces cambió irrevocablemente.

Tito llevó consigo el Menorah del Templo y otros tesoros sagrados a Roma, como se representa en el Arco de Tito en el Foro Romano.

Adriano y la Reconstrucción de Jerusalén

El siguiente capítulo significativo en la historia de la Jerusalén romana ocurrió durante el reinado del emperador Adriano. Después de una segunda revuelta judía, la Rebelión de Bar Kojba (132-135 d.C.), Adriano decidió reconstruir completamente Jerusalén como una ciudad romana, con el nombre de Aelia Capitolina.

Esta transformación incluyó la construcción de un templo a Júpiter en el sitio del antiguo Templo judío, una decisión que fue, sin duda, una provocación para los judíos de la región.

Además, Adriano prohibió a los judíos entrar en la ciudad, una prohibición que se mantuvo durante siglos. Esta medida exacerbó aún más la diáspora judía y marcó un período de predominio romano y helenístico en la ciudad. Aelia Capitolina continuó siendo una ciudad importante en la región durante el resto del período romano y más allá.

El Legado de la Conquista Romana

La conquista romana de Jerusalén y la presencia romana en la ciudad dejaron un impacto duradero. El Templo destruido no se ha reconstruido hasta el día de hoy, y su sitio, ahora ocupado por la Mezquita Al-Aqsa y la Cúpula de la Roca, sigue siendo un punto de conflicto religioso y político.

Además, la conquista romana y las posteriores represiones de las revueltas judías dieron lugar a una diáspora que dispersó a los judíos por todo el mundo romano y más allá. A su vez, esto ha tenido un impacto significativo en la historia mundial posterior.

En resumen, la llegada de los romanos a Jerusalén fue un evento crucial que transformó la ciudad y la región circundante. A través de la conquista, la dominación y eventualmente la destrucción y reconstrucción de la ciudad, los romanos cambiaron irrevocablemente el curso de la historia de Jerusalén.

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