Los idiomas de la Península Ibérica antes de la Romanización

Antes de la llegada de los romanos, la Península Ibérica era un crisol de diversas lenguas y culturas, desde el íbero hasta el celta, incluyendo también el tartesio, fenicio y griego.

Antes de la llegada de los romanos, la Península Ibérica era un crisol de diversas lenguas y culturas, desde el íbero hasta el celta, incluyendo también el tartesio, fenicio y griego.

El Íbero

El íbero fue uno de los idiomas más ampliamente hablados en la Península Ibérica antes de la romanización. Predominante en la región que hoy abarca Cataluña, Aragón, Murcia, la Comunidad Valenciana y una parte de Castilla-La Mancha, el íbero dejó una huella profunda en la región. Aunque gran parte de la escritura íbera sigue sin ser descifrada, ha proporcionado a los historiadores una valiosa ventana a la antigua sociedad íbera.

El íbero tenía su propio sistema de escritura, conocido como escritura íbera, que parece haber evolucionado a partir de influencias del alfabeto fenicio y griego. Aunque no se conoce completamente el significado de los textos íberos, el análisis de su escritura ha revelado una lengua compleja con su propia gramática y vocabulario. La evidencia arqueológica sugiere que el íbero se hablaba desde al menos el siglo VI a.C. hasta alrededor del siglo I d.C., cuando fue suplantado por el latín debido a la romanización.

El Celta

Al noroeste y en el interior de la península, se hablaba el celta, una lengua indoeuropea con muchas similitudes a las lenguas celtas de las Islas Británicas. La existencia de lenguas celtas en la Península Ibérica está atestiguada por una serie de inscripciones en escritura celtibérica, una escritura que parece ser una adaptación del alfabeto íbero para escribir en celta.

Los celtas llegaron a la península alrededor del siglo IX a.C. y se asentaron en las regiones montañosas del norte y del centro. Aunque menos documentado que el íbero, el celta tuvo una presencia significativa en la península hasta la llegada de los romanos. El celta y sus variantes, como el gálata y el lusitano, dejaron una influencia duradera en la toponimia, la hidronimia y posiblemente en la base del moderno idioma portugués.

El Vasco

El vasco o euskera, hablado en la región que hoy conocemos como el País Vasco y áreas adyacentes, se destaca por ser una lengua aislada, lo que significa que no tiene relación con ninguna otra lengua conocida. Aunque no se sabe con certeza cuán extendido estaba el euskera antes de la romanización, se cree que pudo haber abarcado un área mucho mayor que el territorio vasco actual.

La persistencia del vasco a pesar de la romanización y las invasiones subsiguientes es un testamento a la resistencia cultural de los vascos. Aunque el latín se convirtió en la lengua franca de la península, el eusk

era sobrevivió en las regiones montañosas del norte, donde las influencias extranjeras eran menos fuertes. Hoy en día, el vasco sigue siendo hablado por una minoría significativa en el País Vasco y es una de las pocas lenguas preindoeuropeas que todavía se habla en Europa.

El Tartesio y las lenguas coloniales

En el sur de la península, se hablaba el tartesio. Muy poco se sabe acerca de esta lengua, pero parece estar relacionada con las lenguas indoeuropeas. Aunque el tartesio es poco conocido, los pocos textos que han sobrevivido sugieren una lengua altamente desarrollada con su propio sistema de escritura.

Además de las lenguas nativas, también se hablaban el fenicio y el griego en las colonias establecidas por estos pueblos a lo largo de la costa mediterránea de la península. Estas lenguas coloniales jugaron un papel crucial en la formación del paisaje cultural de la Península Ibérica, contribuyendo a su diversidad y complejidad.

La Península Ibérica antes de la romanización era un crisol de lenguas y culturas, cada una con su propia historia, influencias y legado. La llegada de los romanos y la subsecuente romanización no borraron por completo estas lenguas y culturas, sino que las transformaron y las integraron en la cultura romana en mayor o menor medida. El estudio de estas lenguas antiguas proporciona una visión fascinante del pasado de la península, una visión que todavía estamos empezando a entender en toda su complejidad.

El Lusitano

A lo largo del oeste de la península, especialmente en las áreas que hoy comprenden Portugal y la región española de Extremadura, se hablaba el lusitano. Es una lengua celtíbera, lo que significa que tiene características de ambos grupos lingüísticos, el celta y el íbero. Aunque el lusitano se extinguió en la época romana, dejó rastros en la toponimia y en la onomástica de la región.

A pesar de las limitadas fuentes disponibles, los expertos han podido identificar varias palabras y nombres propios lusitanos, proporcionando pistas sobre su gramática y vocabulario. Los textos lusitanos han sido encontrados en varias formas, incluyendo inscripciones en piedra y monedas.

El Tartesio

En la región más al sur de la Península Ibérica, se hablaba una lengua conocida como tartesio. Aunque se sabe poco sobre el tartesio debido a la escasez de registros escritos, se considera una lengua preindoeuropea, lo que indica que su origen precede a la llegada de las lenguas indoeuropeas a la península.

El tartesio se conocía principalmente en el antiguo reino de Tartessos, que se ubicaba en lo que ahora es Andalucía. Los hallazgos arqueológicos de escritura tartesia, aunque escasos, han proporcionado algunas pistas sobre esta antigua lengua. Desafortunadamente, la escritura tartesia aún no ha sido descifrada completamente.

El Fenicio y el Griego

Además de las lenguas nativas, también había presencia de lenguas extranjeras en la Península Ibérica antes de la romanización. Las colonias fenicias y griegas establecidas a lo largo de la costa mediterránea hablaban sus propias lenguas.

El fenicio era una lengua semítica hablada por los antiguos fenicios, un pueblo de comerciantes y navegantes del Mediterráneo Oriental. Establecieron varias colonias a lo largo de la costa de la Península Ibérica, incluyendo importantes centros como Gadir (hoy Cádiz).

Por otro lado, el griego se hablaba en las colonias griegas establecidas a lo largo de la costa este de la península. Aunque su presencia era menos extensa que la fenicia, la influencia cultural y lingüística de los griegos fue notable.

La llegada de los romanos y la posterior romanización alteró drásticamente el panorama lingüístico de la Península Ibérica. No obstante, estas lenguas pre-romanas dejaron una huella indudable en la península, un legado que todavía puede apreciarse en la toponimia, los nombres propios y, en algunos casos, en las lenguas que se hablan hoy en día.

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